lunes, 18 de agosto de 2008

Santa Cruz, la pesadilla de Evo Morales



En la calle Libertad de Santa Cruz de la Sierra, una hilera de mujeres se ofrece a los conductores de los automóviles y a los transeúntes. Frente a lo que pueda pensar una mente libidinosa, el grupo de hembras, fundamentalmente maduras, no ejerce la prostitución. Las señoras se ofrecen como costureras, lavanderas, niñeras, camareras o cualquier oficio que no tenga que ver con el sexo. Es así desde siempre o, al menos, desde que recuerda la memoria de los vecinos de la zona, acostumbrados al paisaje urbano de la oferta y la demanda de mano de obra barata.

Mientras ellas permanecen de pie o apoyadas en los coches aparcados, los hombres se sientan en la acera de enfrente. Son «lustreros» (limpiabotas), «plomeros» (fontaneros) y electricistas. Están para lo mismo que ellas pero actúan diferente. Últimamente su calle es una de las más transitadas de la ciudad. Desemboca en la plaza 24 de Septiembre donde, hasta el viernes, decenas de «cambas», gentilicio popular de los habitantes de Santa Cruz, se habían declarado en huelga de hambre animados y secundados por las principales autoridades de la región. El objetivo: recuperar para el departamento (región) la recaudación de unos impuestos petroleros.

Ese mismo gentío, que estuvo casi dos semanas revuelto en colchones y tiendas de campaña de distinta clase, decidió el pasado viernes levantar sus tenderetes y sumarse a una huelga general convocada para el martes. El fin era y es el mismo: «el IDH», declara Dagner Montalbán Plata, uno de los cincuenta doctores que estuvo encargado de «la atención médica de emergencias y ambulancias» de los huelguistas de no probar bocado. Las siglas que menciona responden al Impuesto Directo de Hidrocarburos (IDH), el recurso que mayores ingresos generaba al departamento hasta que el presidente Evo Morales lo adoptó, parcialmente, como propio del gobierno central. «Nos pertenece por ley y por historia. Acá hubo derramamiento de sangre por el IDH. No nos lo pueden quitar porque les dé la gana», se queja. Cirujano general, el doctor Montalbán asegura que «esos fondos estaban destinados a mejorar la salud y la medicina. Se iban a construir hospitales, nuevos centros de atención primaria y alimentación para los más necesitados».

El Gobierno, en su defensa, argumenta que el IDH ya tiene otro destino urgente: un bono para los ancianos. El doctor insiste: «Es un robo porque su administración nos corresponde a nosotros». Lo mismo piensa Hugo Yovió, ayer con la boca cerrada para cualquier alimento y hoy con la lengua suelta para animar a la gente a sumarse a la huelga general del martes: «Es nuestro. Evo es la misma «chola» (india) con otra «pollera» (falda)», versión andina del mismo perro con otro collar. Yovió lamenta que «nuestro sacrificio no haya sensibilizado al Gobierno para darnos lo que es nuestro».

Otros apoyos
El «sacrificio» se extendió no sólo por Santa Cruz. Los departamentos (regiones) de Beni, Chuquisaca, Pando y Tarija sumaron en diez días cerca de millar y medio de personas en ayuno. Enclaves poderosos dentro de Bolivia, sus gobernadores, como Evo Morales, salieron fortalecidos del referéndum de hace una semana. Sin embargo, sus voces siguen sin encontrar eco en La Paz, bastión del presidente del Gobierno. Encabezados por Rubén Costas, son ellos, agrupados en el Consejo Nacional Democrático (Conalde), los que convocaron y participaron primero de la huelga de hambre y el martes en el paro general. En un comunicado durísimo, declararon al Gobierno y al presidente «personas no gratas» hasta que devuelvan los 270 millones de dólares incautados por el IDH. El impuesto, argumentan, «representa el 30 por ciento de los ingresos de cada región».

Fernando Jurado, de 27 años, garantiza que el martes secundará la huelga aunque no confía en sus resultados porque tiene experiencia en causas perdidas: «Me regresaron de Madrid hace siete meses. Me descubrieron sin papeles después de casi un año y acá estoy». Trabajaba de «peón constructor en Leganés y Fuenlabrada cuando me deportaron», pero no está muy triste porque «la crisis también está en España. Muchos amigos se van a volver solos, sin que los echen como a mí», augura.

Eva Sara Landau, nutricionista de 30 años, también es pesimista con el IDH: «Sabemos que no vamos a tener resultados pero lo hacemos porque es una medida de presión democrática y pacífica antes de llegar a la fuerza». La «fuerza», la violencia es un fantasma no deseado que asoma periódicamente en Bolivia. «Evo tiene más de cuarenta muertos», recuerda Landau. Sus amigas, Mariana Giorgetti, de 36 años, y Diana Román, de 47, asienten y añaden: «Al menos conseguiremos que haya sensibilidad a nivel internacional. Evo les ha dado una imagen falsa y el mundo y las ONG se lo han creído», dicen. El mayor reproche: «Evo Morales se presenta como una víctima, como el pobrecito indio, cuando no es nada de eso. El mundo debería saber que no es indígena porque no habla ninguna lengua autóctona. Además, es rico porque recibe directamente y reparte sin control los cheques que le da Hugo Chávez para comprar voluntades».
Fuente: abc.es
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